LA EXTRAÑA CUALIDAD

Segismundo Alvarado presumía de tener una memoria infinita. Alardeaba de que era capaz de recordar todos y cada uno de los acontecimientos ocurridos a lo largo de su existencia, por breves o insignificantes que pudieran ser.

-Si me lo propusiera – solía decir a menudo cuando estaba reunido con sus amigos – sería capaz de narrar mi vida desde el día que nací hasta el momento presente, día a día, hora a hora y minuto a minuto, sin saltarme ni un solo detalle. Es mas, si escribiera mi autobiografía y puede que algún día lo haga, sería el libro mas largo de la historia.

Esa supuestamente extraordinaria cualidad ( pues todos sus amigos dudaban de que tuviera realmente un valor practico) estaba aun por demostrar, y Segismundo Alvarado insistía una y otra vez en que algún día conseguiría asombrar al mundo con su portentosa memoria. Por desgracia dicha capacidad tenía un inconveniente, y era que los hechos solo podían ser recordados en su correcto orden cronológico. Es decir, que si quería recordar lo que hizo el nueve de Octubre de mil novecientos cuarenta y siete a las cinco y media de la tarde, tenia que empezar a recordar desde el veintitrés de Abril de mil novecientos veintidós a las dieciocho y cuarenta y cinco que era el momento exacto en que nació. Eso como es de suponer le creaba unos problemas tremendos ya que si por alguna razón tenía la necesidad de recordar algún hecho acaecido  recientemente, se veía forzado  a rememorar su vida desde el comienzo hasta llegar al momento en cuestión, lo que a veces le llevaba semanas e incluso meses y cuando lograba rescatar tal asunto de su memoria solía ser tarde y ya no le servía de nada. Lo peor era que al tratar de explicar eso la gente le tomaba a broma e incluso hay quien pensaba que estaba loco, lo que a él le desesperaba terriblemente y acababa casi siempre sumiéndole en la mas profunda depresión. Por esa razón decidió llevar una vida casi monástica y no salir a la calle a menos que fuese estrictamente necesario, ya que por mas que le daba vueltas al asunto para tratar de hallarle remedio, su memoria era del todo intransigente y se negaba a funcionar de otro modo que no fuera el anteriormente mencionado.

Un día, mientras escuchaba A Beethoven, Segismundo Alvarado creyó encontrar la solución. Concluyó que puesto que no conseguía dominar a su memoria, tendría que valerse de algún instrumento que le ayudase a acceder rápidamente a cada rincón de su pasado. Así que pensó que había llegado el momento de escribir su autobiografía. En la parte superior de cada pagina pondría la fecha y hora de cada suceso narrado y de esa manera le sería posible consultar en cada momento cada hecho que necesitara recordar. Lo que  no tuvo en cuenta y curiosamente jamas pasó por su cabeza es que para que tal sistema funcionase era absolutamente necesario describirlo todo tal y como ocurrió y sin prescindir de ningún detalle, lo que por otra parte era inevitable, ya que de no hacerlo así no podría seguir recordando y tendría que volver al principio cada vez. Y claro eso significaba que escribir su vida entera de ese modo le llevaría como mínimo un año por cada año descrito y eso contando con que le dedicara veinticuatro horas diarias a escribir, lo que obviamente resultaba imposible. Así que pasando por alto ese trascendental detalle, Segismundo Alvarado comenzó su cruzada personal contra el tiempo. Se compro una maquina y empezó a escribir el mismo día que cumplió cincuenta y un años. Dedicaba entre doce y dieciocho horas diarias a lo que se convirtió en la única razón de su existencia.

A los ochenta años murió de cansancio frente a su maquina de escribir, en el encabezamiento de la ultima pagina figuraba la siguiente fecha: 23 de Abril de 1942

Extraido del libro “El don de olvidar y otras historias” de Jorge Rodríguez Rueda ( o sea, yo )

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6 comentarios sobre “LA EXTRAÑA CUALIDAD

  1. Hola, es la primera vez que comentó en tu blog, me ha llamado la atención este escrito en particular. Me ha parecido un relato muy interesante, sobre un hombre que padece ese extraño don (o maldición) llamado hypermnesia. Si lo pensamos bien, a veces recordar es positivo y otras veces, tener una excelente memoria sólo nos obliga a vivir marcados de cicatrices y de heridas a medio cerrar. Cuando conservamos el pasado y lo vivimos como si fuera nuestro presente, no hacemos otra cosa, que construir un ciclo que se convierte en nuestra vida. Para mi este relato tiene una curiosa enseñanza. Todos, en muchas ocasiones, desearíamos recordar a la perfección ciertos eventos, pero no podemos dejar de lado la idea de que el olvido es muy necesario para seguir adelante. Felicidades por el cuento. Un saludo.

    1. Muchas gracias por tu comentario tan interesante. Es un placer conocerte Sergi. He visto que has marcado me gusta en la página de mi libro de facebook, te lo agradezco y me complacerá contarte entre mis amigos.
      Un Saludo cordial.

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